La reunión del consejo directivo de Alcázar Enterprises del tercer jueves de mes tenía normalmente el ritmo predecible de los organismos que funcionan bien: orden del día, presentaciones, votaciones, café. Sebastián presidía con esa eficiencia que eliminaba el tiempo muerto sin sacrificar la sustancia, y los ocho miembros del consejo habían aprendido en once años a distinguir las reuniones de trámite de las que importaban por pequeñas señales en su postura.
Esta reunión importaba.
Ximena lo supo