Era un martes de julio. Hacía calor de la manera específica en que hace calor en Ciudad de México en julio: denso y húmedo con la promesa de lluvia que llegaría a las cuatro o a las cinco con la puntualidad que habían aprendido a anticipar.
Sebastián y Ximena habían tenido ese día su decimocuarta sesión de trabajo dominical, que por razones de agenda se había movido al martes. Tenían ya suficiente para hablar de algo concreto: no el proyecto completo, pero sí el primer proyecto. Una clínica de m