La luz del amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación principal de la mansión Blackwood. Cassandra observaba el techo, recostada sobre la cama que compartía con Sebastián solo en teoría. Habían pasado tres noches desde que él le había comunicado el acuerdo con sus padres: dos años, un heredero y libertad para ambos.
—Un hijo —murmuró para sí misma, mientras sus dedos jugueteaban con el borde de la sábana—. Un hijo para comprar su libertad.
¿En qué momento mi vida se convirtió en