La piscina interior de la mansión Blackwood era impresionante: azulejos de mármol italiano, iluminación submarina que creaba un resplandor azul etéreo, y grandes ventanales que ofrecían vista a los jardines privados. El agua estaba perfectamente tibia, invitando.
—No tengo traje de baño —murmuró Cassandra, súbitamente consciente de lo que esto podría implicar.
Sebastián la miró con una intensidad que hizo que el aire entre ellos se sintiera cargado de electricidad. Sin apartar la vista de el