87: Entre las garras de un depredador.
Analia me miraba como si quisiera lanzarse sobre mí y arrancarme la piel a tiras. Y no era para menos: yo había arruinado su fiesta de bodas sin siquiera proponérmelo. O tal vez, en el fondo, sí lo había hecho. No me importaba. Lo único que realmente me interesaba era que ella no sería feliz con Valentino jamás. Porque, aunque él fuera un bastardo, estaba claro que su obsesión conmigo seguía intacta.
—Aléjate de Valentino —me escupió con veneno, cada palabra cargada de odio.
Solté una carcajada