88: incertidumbre.
Él me observó en silencio, como si quisiera leerme el alma. Yo aguanté la mirada sin parpadear, fingiendo que no había nada que ocultar. Y en realidad, lo único que tenía que ocultar era lo que sentía… porque, aunque no lo quería admitir, la confrontación con Analia me había hecho sentir viva. Como si estuviera recuperando el control que me arrebataron hace tanto tiempo.
—Esa mujer no aparece aquí por casualidad —dijo finalmente—. Alguien la mandó, o sospecha demasiado. Y si sabe que eres Ginev