80: No les pertenezco.
Apenas llegué a casa, fui directo a la habitación. Giuliana me ayudó a acostar a los niños en la cuna; yo no tenía mente para otra cosa que no fuera el encuentro con Valentino. Su mirada, sus palabras, todo lo que había pasado, me daba vueltas en la cabeza sin descanso. Sentía el estómago revuelto, como si una tormenta se hubiera instalado dentro de mí.
—¿Señora, está bien? —me preguntó Giuliana, notando mi tensión.
Le sonreí, tratando de parecer tranquila, aunque por dentro estaba hecha un nud