74: Olor a venganza.
[Ginevra]
Al llegar a casa me invadió una inquietud que no me abandonó. Analia era una perra, y aunque en mi cabeza resonara la idea de que no le contaría nada a Valentino, no podía confiar en certezas. No quería volver al infierno que él me había construido.
Caminé de un lado a otro en la habitación, cada paso un latido de ansiedad. Pensé en huir, una y otra vez, pero ¿a dónde demonios podía ir? ¿Cómo mierda podría salir? Mirko lo tenía todo vigilado; solo podía salir acompañada por sus guarda