44: El silencio de la culpa.
[Ginevra]
Me acerqué a Valentino mientras estábamos en la cama y él me apartó; no fue agresivo como hacía un par de horas en la cocina, pero sí fue muy seco.
—¿Qué pasa? —le pregunté. Me senté en la cama y me mordí el labio inferior.
¿Sería posible que él supiera ya la verdad? Tragué en seco y me dije que no. Si lo supiera, ya me habría matado o, peor, estaría siendo torturada en este preciso momento, pensé con la garganta apretada.
—Estoy cansado, tengo muchas cosas en la cabeza —me di