15: Flashes, mentiras y sangre.
[Ginevra]
El coche se detuvo frente a un imponente hotel. Afuera, una multitud de reporteros se agolpaba, cámaras en alto, gritos por doquier. Miré a Valentino, que ahora tenía una expresión serena, casi arrogante, y una pequeña sonrisa dibujada en los labios.
Él bajó del coche con la elegancia de un depredador. Luego, abrió la puerta y me tendió la mano. Se la di, con el corazón latiéndome en la garganta. Me ayudó a bajar y, en cuanto mis pies tocaron el suelo, los flashes me cegaron. El murm