12: No es deseo, es supervivencia.
[Ginevra]
Una semana después.
Valentino había cambiado. Lo notaba en cada gesto, en cada silencio. Pero para mí, seguía siendo el mismo asesino frío que me había arrebatado todo en tan poco tiempo. Respiré hondo y caminé sin rumbo por el enorme jardín. Todo a mi alrededor brillaba con una belleza casi irreal, pero yo me sentía hundida en una oscuridad que me devoraba desde adentro.
Lo odiaba. De eso estaba segura. ¿Pero qué podía hacer yo para herirlo?
Toqué mi vientre con delicadeza, y una