-Mamita, mami linda, despierta. -Adri besaba a Glenda mientras la despertaba con suavidad.
—Buenos días, princesa bella de mami. ¿Dormiste bien? —dijo Glenda, rodeando a su hija con los brazos.
La niña se acurrucó contra ella, cerrando los ojos con una sonrisa.
—Sí, pero ayer llegaste tarde y me quedé dormida. ¡Y ayer no era el día de Adri! Hoy me toca dormir contigo.
Glenda sonrió, acariciando el cabello de su hija.
—Ok, lo que diga la belleza de mami.
Adri se incorporó un poco, emocionada.
—M