Él la atrajo hacia su cuerpo, besando su frente y acunándola contra su pecho, intentando consolarla.
—Adams, ¿cuándo dejarás de hacer las cosas sin pensar? —preguntó Glenda, ya más calmada, pero con un toque de irritación en su voz—. ¿Crees que la vida es un juego y que la gente puede ir por ella sin medir las consecuencias? Eres un hombre adulto, tienes treinta y dos años. ¿Cómo es posible que solo pienses en ti?
Las palabras de Glenda impactaron profundamente en Adams. No se las dijo peleando