Marcas la consulta para el final de la tarde, tal como te pidió en el mensaje anterior. Tú, como buena paciente, obedeces, claro. Llevas un vestido ligero, floral, que cae hasta las rodillas, pero sin nada debajo sientes el aire fresco golpeando directo en tu coño a cada paso.
El corazón se te acelera solo de pensar en lo que va a pasar en la clínica. Cada vez que vas, la consulta se pone más intensa, más prohibida. Pero no paras. No puedes. ¿Estarías enamorada? No, no, piensas. Por más que sea