Tenía razón, no iba a ser sencillo acostumbrarme al contacto físico, su dedos largos apenas me habían tocado y mi corazón quería salir de mi pecho.
— En serio tienes que dejar de contener el aliento cada que me acerco a ti, si queremos que esto funcione.
— Entonces deja de hacerlo sorpresivamente, me sobresaltas.
Me quejé.
— ¿Debería enviarle un oficio a mi novia para pedirle autorización de tocar su cabello o tomar su mano?
Se burló.
— Excepto que yo no soy tu novia, en la vida real no tenem