Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol apenas asomaba en el horizonte cuando Dorian ya estaba de pie.
El hábito disciplinado hacía que despertara siempre con la primera luz del día, como si su propio cuerpo hubiera sido entrenado para no desperdiciar jamás el tiempo.
En la terraza, el aire fresco de la mañana rozaba su piel mientras ejecutaba los movimientos precisos de la calistenia.
Cada flexión, cada plancha, cada salto era controlado, medido; no solo un ejercicio físico, sino también un ritual de dominio sobre sí mismo.
Después de media hora de entrenamiento intenso, bajó para una ducha rápida y fría, dejando que el agua recorriera sus hombros anchos, reavivando la energía que lo esperaba en la semana decisiva.







