Francine entró en la tienda tirando de Malu del brazo, todavía riendo de una broma que solo ellas dos habían entendido.
—Esa vitrina está gritando mi nombre —dijo sin disimular el entusiasmo.
Malu tropezó con una alfombra mal extendida justo en la entrada.
—Sí, grita tu nombre, pero tu tarjeta va a llorar, Francine.
Apenas habían dado diez pasos dentro de la tienda cuando Francine se detuvo bruscamente.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Sus ojos se clavaron en un punto fuera del escaparate.