El salón todavía vibraba con los aplausos cuando el nombre de Francine resonó por los altavoces.
Las luces se centraron en el rostro sorprendido de la joven entre el público, y durante algunos segundos no logró moverse.
Su corazón latía al ritmo acelerado de los flashes que la rodeaban.
Chloé, unos pasos más adelante, abrió los ojos con incredulidad, la sonrisa congelada mientras intentaba mantener la compostura ante tantas miradas curiosas.
El público, por su parte, estalló en murmullos entusi