El salón entero pareció contener la respiración cuando Francine miró hacia abajo y vio la mancha roja extendiéndose sobre el tul dorado de la falda.
Su rostro cambió en cuestión de segundos, los ojos chispeando de rabia, la mano cerrándose como si estuviera lista para golpear a Chloé.
—Yo voy a… —empezó, dando un paso hacia ella, lista para soltar todo lo que tenía atravesado en la garganta.
Antes de que avanzara, Dorian la sujetó con firmeza por el brazo, discreto pero firme, inclinándose para