Capítulo 88. El Sabor de la Vida
En la penumbra de la habitación, solo la luz azulada de los monitores de Keziah bañaba sus perfiles, creando una burbuja de aislamiento absoluto. Aslan, que aún permanecía sentado con la camisa entreabierta, tiró suavemente de la cintura de Amara, obligándola a encajarse entre sus rodillas.
Él levantó la vista y sus ojos ahora ardían con una intensidad que hizo que a Amara le flaquearan las piernas.
—Te dije que no podías entrar en mi mundo sin quemarte, Amara —susurró él, con su voz vibrando e