Capítulo 173. Bajo presión
—Habla —exigió Aslan. Su voz no era un grito; era un siseo gélido que cortaba la niebla—. ¿Dónde está?
El hombre, con el antebrazo destrozado por la mandíbula de Ares, tragó saliva, mirando de reojo al gigantesco Gran Danés que mostraba los colmillos salpicados de sangre a pocos centímetros de su rostro.
—Se... se va —consiguió articular el mercenario, con los dientes castañeando por el dolor y el miedo—. El jefe se va a fugar al extranjero. Ya está todo preparado.
Aslan presionó el cañón de la