Capítulo 147. Verdades en el fango.
El agua negra ya lamía las costillas de Amara. El frío era un parásito que le adormecía los músculos, pero el grito de Aslan operó en ella como una descarga eléctrica.
—¡Aslan! —intentó gritar ella, pero el trapo sucio ahogó su voz en un quejido sordo.
En la base de la escalera, Jack se agazapó como un depredador, con el cuchillo dentado brillando bajo el reflejo verdoso de las linternas que bajaban. Arriba, los pasos pesados de las botas militares hacían temblar la estructura.
—¡Despejado el p