Capítulo 87. El Refugio
El silencio en la finca era absoluto, roto solo por el susurro eléctrico de los monitores. Aslan permanecía de pie junto al ventanal, observando la oscuridad del jardín, con la figura todavía tensa y la camisa blanca arruinada por manchas que ya se habían tornado oscuras.
Amara se acercó a él con lentitud. La paz de ver a Keziah estable le permitía, por fin, notar las grietas en el hombre que tenía delante.
—¿Dónde está Ares? —preguntó ella en un hilo de voz—. No lo vi bajar del coche.
Aslan no