Capítulo 146. Agua negra
Jack se congeló con el dedo estirado sobre el metal curvo del gatillo. Sus pupilas, dilatadas por la adrenalina y la penumbra, se contrajeron al enfocar el rostro de la mujer que tenía a escasos centímetros. La mirada de Amara ya no bailaba en el vacío; era un par de dagas de acero templado que le atravesaban la frente. El silencio que se produjo en el sótano fue tan súbito y espeso que el borboteo del agua negra colándose por la escotilla cobró el volumen de un torrente ensordecedor.
Gregory,