Capítulo 64. Una Pequeña Guerrera
Aslan Burke cerró la puerta de la Suite 5 con una lentitud impropia de su carácter. Dentro, el aire apestaba a flores caras, perfumes de diseñador y la alegría plástica de su hermano Alexander celebrando su propia gloria. Debería sentirse triunfante; el imperio Burke tenía un nuevo heredero oficial. Sin embargo, un frío inexplicable, como una aguja de hielo, le recorría la columna vertebral.
Se ajustó el puño de la camisa, mirando el pasillo de mármol. El hospital, en esa zona de élite, era una