Capítulo 59. El instinto de la sangre
La mansión de Aslan Burke guardaba un silencio sepulcral, solo interrumpido por el suave siseo del sistema de climatización. Eran pasadas las tres de la mañana y Aslan sabía que, una vez más, el sueño se negaba a visitarlo.
Caminaba descalzo por el mármol frío del salón, vistiendo únicamente un pantalón de pijama de seda negra que se ajustaba a su cadera, dejando al descubierto su torso esculpido y tenso. En su mano derecha sostenía un vaso de cristal tallado con tres dedos de un whisky de malt