68• Como una familia.
Me quedé sin palabras al verlo ahí, parado frente a mí, sosteniendo aquel ramo de lirios blancos como si en ellos estuviera escondida la única forma que tenía de acercarse. Nunca lo había visto así, nunca lo había visto derribar todos sus muros al mismo tiempo. Y mientras más lo miraba, más sentía que algo dentro de mí se aflojaba, como si un nudo muy antiguo en mi pecho empezara a deshacerse. Richard siempre había sido el hombre firme, impenetrable, dueño de una calma que podía convertirse en hielo. Pero en ese instante, estaba temblando un poco. Temblando por mí.
—Nora… —su voz sonó baja, casi frágil—. No quiero perderte. No quiero sentir que mis reacciones te empujan lejos de mí. Tú… tú me haces sentir cosas que pensé que no existían para mí. Y no sé manejarlas del todo, pero sé que no quiero vivir sin ellas. Sin ti.
Las palabras me atravesaron de lleno. Mis ojos se llenaron de lágrimas sin siquiera avisar. No era tristeza; era algo más cálido, más grande, más profundo. Era la cert