Extra I • El comienzo de para siempre.
El camino de grava crujía bajo las ruedas del coche, un sonido rítmico que marcaba el final de la espera. Cada metro que nos acercaba a la cabaña, a nuestro paraíso aislado, era un latido más en la tensión que se había tejido entre nosotros durante meses. Lo veía al volante, con la mandíbula tensa, y yo sentía en el aire espeso del interior del coche la misma electricidad que me recorría la piel. La espera había terminado. Éramos solo nosotros dos en ese rincón del mundo, y nada, absolutamente