Epílogo.
Lograr que el vestido negro que me había regalado Lana entrara en mi nuevo cuerpo había sido todo un desafío, sobre todo por las curvas que había ganado con el embarazo. Las mismas que volvían loco a Richard, y aún no había tenido la oportunidad de tocarlas
El juicio contra Frank lo había consumido, y cuando llegaba a casa, a menudo se quedaba dormido antes de que pudiéramos compartir un momento juntos. Yo, agotada por las noches interminables con nuestra bebé, apenas tenía fuerzas para pensar en nosotros. Así habían pasado cuatro largos meses, juntos pero separados.
Ahora, sin embargo, todo había cambiado. La sentencia final había llegado. Frank Clark nunca más volvería a disfrutar un solo día de libertad. Las cadenas perpetuas que le habían impuesto eran absolutas, dos por el asesinato de los padres de Richard, sumadas a varias condenas consecutivas por intento de asesinato, robo, falsificación de documentos, suplantación de identidad, amenazas y otros delitos graves que habían marc