115• Nuestra bebé express.
Richard me miró desde el suelo. El dolor y la impotencia se reflejaban con una claridad devastadora en su rostro, y algo dentro de mí se quebró al comprender el mensaje silencioso que me estaba dando. No era miedo por él. Era resignación. Su cuerpo herido lo mantenía aturdido, incapaz de incorporarse, incapaz de hacer nada más que observar.
Sus ojos se deslizaron hasta Ruby, aferrada a mi pecho. Después, con un movimiento lento y cargado de significado, miró hacia la puerta.
Quería que me fuera.
Que la pusiera a salvo.
Que la sacara de allí.
Sentí el corazón partirse en dos dentro de mí. Sabía que debía pensar en Ruby primero. Alejarla de Frank. Incluso aunque él afirmara que no le haría daño, no había nada confiable en un hombre como él. Su presencia bastaba para convertir cada promesa en una amenaza.
La súplica en los ojos de Richard fue insoportable. No le dolía ser herido, ni siquiera enfrentarse a la muerte. Lo que realmente lo destruía era la idea de que nosotras pudiéramos resu