115• Nuestra bebé express.
Richard me miró desde el suelo. El dolor y la impotencia se reflejaban con una claridad devastadora en su rostro, y algo dentro de mí se quebró al comprender el mensaje silencioso que me estaba dando. No era miedo por él. Era resignación. Su cuerpo herido lo mantenía aturdido, incapaz de incorporarse, incapaz de hacer nada más que observar.
Sus ojos se deslizaron hasta Ruby, aferrada a mi pecho. Después, con un movimiento lento y cargado de significado, miró hacia la puerta.
Quería que me fuera