Me encontraba frente al espejo del baño, la luz cálida iluminando mi rostro mientras lavaba mi cara, intentando borrar cualquier rastro de la cena y de lo que acababa de suceder. Pero no había forma de limpiar lo que sentía. Las palabras de Richard resonaban en mi mente, firmes y directas, y yo… yo no supe qué decir.
Suspiré, rozando el agua con mis dedos y hablándome a mí misma en un murmullo apenas audible. “No seas cobarde, Nora. Sabes lo que quieres, sabes lo que sientes. También quieres es