—Déjame guiarte —susurró en oído, su voz grave y cercana, casi fundiéndose con mi piel.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Mi respiración se aceleró mientras sus dedos empezaban a moverse con firmeza, marcando un ritmo que parecía leer cada uno de mis instintos. No podía apartarme, ni siquiera quería. Cada pequeño roce suyo me hacía sentir vulnerable y deseada al mismo tiempo.
Empezamos a movernos al compás de la música, sus manos controlando suavemente el movimiento de mis caderas, guiándo