110• Seré fuerte por los tres.

No sé en qué momento dejé de escuchar con claridad.

Las voces llenaban la sala, pero me llegaban distorsionadas, lejanas, como si estuviera sumergida bajo el agua. Veía labios moverse, manos agitándose, cuerpos cruzando de un lado a otro… pero nada parecía real. Todo tenía la textura de un mal sueño. Y yo deseaba con todas mis fuerzas que lo fuera.

Porque Richard no podía… no podía haberme dejado así. No ahora. No cuando nuestra pequeña estaba a punto de llegar. Tenía que verla. Tenía que estar con nosotras. Tenía que sostenerme la mano, decirme que todo iba a estar bien, que lo lograríamos juntos. Él no podía faltar. No él.

Sentí las piernas débiles, traicioneras, como si se hubieran convertido en gelatina. El suelo parecía inclinarse peligrosamente cuando intenté dar un paso.

—Nora —escuché la voz de Lana, firme pero temblorosa—. La bebé ya viene. Tenemos que ir al hospital inmediatamente.

Me sostuvo antes de que pudiera caer y me guio hasta el mueble. Apenas sentí el contacto al se
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