109• La bebé llegaba.
Habían pasado más de cuatro horas.
Cuatro horas interminables sin una sola noticia de Elliot.
No lograba tranquilizarme. Mis nervios estaban al límite, tensos como un hilo a punto de romperse. En mi mente solo se repetían los peores escenarios posibles, uno tras otro, sin darme tregua: Frank descubriéndolo, alguno de sus hombres reconociéndolo, una emboscada, un disparo, un grito ahogado.
En todos, absolutamente en todos, Elliot terminaba herido… o algo peor.
Caminaba de un lado a otro de la sa