La música cambió de a un ritmo más lento pero igual de intenso, con un bajo que se sentía más que escucharse. Iker apoyó una mano en mi cintura y me atrajo hacia él con tanta naturalidad de alguien que está acostumbrado a manejar la cercanía sin ser rechazado. Supongo ha de ser de ese modo, con esa encantadora sonrisa ladea, dientes perfectamente blanco y esos ojos color ámbar de pestañas pobladas y mirada árabe.
Sonreí y dejé que mis caderas se movieran con la música, sincronizando mis movimie