—¿Cómo se llaman sus bebés? —cuestionó cambiando la tensión que se sentía, le agradecía en el alma ese gesto.
Tomé aire.
Sabía que era el momento.
—Milan —señalé al primero, dormido con la boquita abierta. Luego miré hacia Viktor—. Aleksandr, que es una versión en miniatura de su padre.
Valeria esbozó una sonrisa casi nostálgica, y entonces mis ojos buscaron al tercero. Viktor notó mi mirada y caminó hacia mí, entregándome con sumo cuidado a nuestro pequeño dormido.
—Y este… —susurré, colocando