La cena transcurría en un silencio tenso. Frente a mí, Viktor cortaba su carne con la precisión meticulosa de siempre, sin prisa, sin emoción aparente, pero yo conocía demasiado bien su lenguaje corporal. Estaba tenso. Y la razón de ello se encontraba sentada al otro extremo de la mesa.
Iván Volkov, el padre de Viktor.
Antes de bajar, Viktor me lo advirtió, me detuvo en la habitación. Se estaba colocando la chaqueta cuando se giró hacia mí con su mirada impasible.
—Cenaremos con mi padre —dijo