Alina Petrovna
Recogí mi cabello en una coleta alta y me coloqué una camiseta junto con unos jeans ajustados y unos tenis deportivos. Hoy desperté y Viktor no estaba a mi lado. Se suponía que debía permanecer en cama por su herida en el hombro, pero claro, mafioso tenía que ser.
Bajé hasta su oficina, encontrándolo revisando algunos documentos. Su ceño estaba fruncido en concentración, y la luz que entraba por los ventanales resaltaba la tensión en su mandíbula.
—Buenos días, malyshka —su voz g