Capítulo LXVI

La capilla era pequeña, rústica, con bancos de madera gastada y vitrales que dejaban pasar la luz del sol en tonos suaves. Era el tipo de lugar que uno imaginaría como refugio de paz, y de alguna forma, lo era. Dmitry venía aquí a veces. Lo había dicho una vez en voz baja, cuando aún le costaba expresar cosas que no fueran bromas o sarcasmo. Decía que el silencio de esa capilla lo ayudaba a pensar. A respirar.

Por eso Viktor decidió que ese sería el lugar.

No había flores exageradas, ni candela
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