Pasó un mes desde aquella noche en que Viktor se quebró frente a mí por primera vez. Y desde entonces, algo cambió. No de golpe, no con magia… pero sí con pasos lentos, reales, y llenos de intención.
El primer cambio fue evidente: dejó el alcohol.
Lo hizo sin anunciarlo, sin discursos. Solo dejó de llegar oliendo a whisky o a vodka, y en lugar de eso, lo encontraba cada noche acostado a mi lado, con sus brazos alrededor de mí y sus labios posados sobre mi vientre, como si con eso pudiera proteg