Pablo no dormía.
No desde hacía semanas. Tal vez meses.
La recuperación de sus heridas físicas avanzaba, sí.
Pero las otras... esas que se le habían incrustado en el alma, supuraban en silencio. Como virus dormidos que despertaban en la oscuridad. Se movía por las sombras con el sigilo de un espectro, armado con rabia y una mente que no descansaba. Todo lo cuestionaba. Todo lo sentía ajeno.
Desde el callejón donde casi perdió la vida, Pablo no solo había salido con los huesos rotos y el rostro