~Alana~
Ya no podíamos ignorar lo que sucedía, cómo el Reino decaía cada vez más mientras la piedra no estaba donde debería estar.
La tierra se marchita, las aguas se secan; si esto seguía así, estábamos expuestos a una amenaza mayor.
Llegué a la habitación fuertemente custodiada donde estaba la piedra; yacía sobre un pedestal blanco, sus lazos blancos flotando a su alrededor hasta estirarse hacia mí.
Extendí mis manos recibiéndolos, sintiendo lo extraño que se sentía al ser tocada por ello