Sin duda, Marina tenía las manos en la masa. Ella, tan atrevida, ahora solo podía tartamudear.
—¿Y eso qué te importa, metiche? Además, ¿no deberías estar durmiendo a esta hora? ¿Qué haces levantado tan temprano? —intentó cambiar de tema.
Álvaro levantó su vaso de agua.
—¿No puedo bajar a tomar un poco de agua si tengo sed?
—Y ¿quién dijo que ya me levanté? No he podido dormir —dijo con cierto orgullo al hablar de sus desvelos.
En realidad, a Álvaro tampoco le gustaba trasnochar tanto, pero en V