Perla apartó su mano y tomó su teléfono.
—La felicidad la puedes buscar con Teresa, tú y yo no estamos hechos el uno para el otro —dijo, y empezó a caminar sin mirar atrás.
César dio unos pasos rápidos para alcanzarla, con urgencia en la voz.
—No sabes bien lo que pasa con Teresa. Lo que siento por ella es solo gratitud, no es amor.
—¿No hay amor y aún así duermen en la misma cama? Eres bien imbécil —Perla miró su brazo bloqueándole el paso y habló con desprecio:
—Quítate, me das asco que me toq