Nada era más importante que la felicidad de su hermana.
—No hace falta. No le debo nada, no tengo por qué esconderme solo porque él esté en Playa Escondida. ¿Y si un día llega a Valle Motoso? ¿Voy a cambiar de casa por él? —Perla dijo con firmeza, sin miedo alguno.
—¿Entonces… si algún día ve a Orión y Andi, y quiere a los niños? —Marina preguntó preocupada.
—Pues haremos una demanda—respondió Perla tranquila, sin mostrar preocupación alguna por perder el juicio. Incluso si César ganaba, no podr