Ricardo se dio cuenta de todo.
Ya sabía de dónde había surgido el malentendido, pero ni siquiera tenía la oportunidad de explicarse.
Buscó el número de Andi en su celular y, justo antes de marcar, su dedo se detuvo. No podía volver a actuar sin pensar. Debía pensar bien lo que iba a decir. Justo en ese momento, alguien tocó la puerta de su oficina.
—Adelante.
Su asistente entró con un expediente en la mano.
—Director, este es el informe del chequeo médico de la señorita Teresa.
—¿Tan rápid