Capítulo 258
Solo ella era una perezosa inútil.

Dio media vuelta, volvió a su habitación, se puso un vestido, agarró su bolso y, sin llevar guardaespaldas, salió sola en su carro hacia el salón de belleza.

Ricardo respiró hondo, frustrado, y dejó el teléfono a un lado. Se sentía completamente impotente. Había visto a Marina, sabía que estaba viva y que vivía en Playa Escondida, pero, aun así, no podía acercarse a ella.

¿Qué podía hacer?

Le dolía la cabeza.

El amor es mucho más complicado que cualqu
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