La cara de César al alejarse reflejaba un enojo evidente.
Lorena, ¡realmente ahora sí que me sorprendes!
Con cualquier hombre, dices que te acuestas y lo haces, sin un respingo de culpa. Ante él, te comportas con altivez, pero detrás, corres a gatear a la cama de otros.
¿Lorena no puede vivir acaso sin follar por un momento?
Con frustración, César se ajustó el cuello de la camisa.
Con pasos largos y apresurados, caminaba rápidamente por el pasillo, cuando en una esquina chocó de frente con una m