Capítulo 16
La cara de César al alejarse reflejaba un enojo evidente.

Lorena, ¡realmente ahora sí que me sorprendes!

Con cualquier hombre, dices que te acuestas y lo haces, sin un respingo de culpa. Ante él, te comportas con altivez, pero detrás, corres a gatear a la cama de otros.

¿Lorena no puede vivir acaso sin follar por un momento?

Con frustración, César se ajustó el cuello de la camisa.

Con pasos largos y apresurados, caminaba rápidamente por el pasillo, cuando en una esquina chocó de frente con una m
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