Ese nuevo día debería haber traído esperanza.
Todos en el pueblo estaban listos para pelear con uñas y dientes por sus tierras, por sus hijos, por los recuerdos enterrados en la tierra y por los muertos que alguna vez sembraron vida. Hasta Simón y Selene, luego de semanas de tensión, habían encontrado la tarde anterior un rato de tregua para hablar con calma, para mirar al futuro sin temblor en la voz.
Pero la esperanza, ese día, no amaneció.
Un silencio extraño cubría el rancho, como si la tie