A través de los lentes oscuros de Xavier, la periodista alcanzó a ver el miedo, ese brillo diminuto que se cuela cuando hasta el más soberbio sabe que lo acorralaron.
La gente más cercana a ella se inclinó hacia adelante, buscando entre las sombras del mediodía confirmar que lo que había dicho no era puro cuento. Un murmullo de sorpresa y rabia contenida empezó a correr entre los grupos, como el siseo de una serpiente a punto de morder.
—Esto no es nada… —dijo la periodista, con voz templada pe